¿Qué es el éxito?

¿Qué es el éxito?
¿Cuando un escritor se considera exitoso? 
¿Cuándo vende millones de copias o cuando simplemente le pone fin a su obra?
Pues mi teoría es que el éxito tiene el tamaño que su dueño le ponga.
Hay escritores que han vendido miles de copias y todavía sienten que les falta mucho para ser exitosos, también hay otros que terminan su libro o venden su primera copia y sienten que han alcanzado el éxito.
El éxito es tan subjetivo como la felicidad o como un libro mismo. Alguien puede odiar un libro y otra persona amarlo y ninguna de las dos están equivocadas, solo tienen diferentes puntos de vista.
Quizá vender muchas copias es la concepción de éxito para una persona que tiene como meta ser famosa pero para otra solo expresar lo que siente o piensa y poder plasmarlo en un pedazo de papel (o pantalla) ya sea para que otro lo lea o mantenerlo para sí, es el mayor éxito para esa persona.
En lo personal no juzgo a quien desee ser best seller como tampoco a quien solo quiere escribir por el placer de hacerlo. El éxito es del tamaño de lo que te propongas eso sí si tienes una u otra meta, cúmplela. Termina ese libro, has lo que tengas que hacer (dentro de ciertos parámetros) para darte a conocer y ser famoso, no desistas en la lucha.
Al final ese es el fracaso. Detenerse. No terminar lo que empezaste, esa para mí es la más clara demostración de no haber triunfado.
No te dejes llevar por la concepción de éxito de los demás, cada quien tiene metas diferentes.
Yo te recomendaría que te sentaras un día en un lugar que te haga sentir paz o no, siéntate donde quieras pero de vez en cuando analiza lo que es el éxito para ti.
A veces sentimos que perdemos nuestro norte o lo hacemos por causas ajenas a nuestra voluntad o nos dejamos llevar por lo que otros creen que es el éxito, por eso es importante de vez en cuando sentarnos a pensar qué queremos, cuál es nuestra definición de la palabra éxito y lo más importante, saber si estamos haciendo algo para ser exitosos.
Quizá para muchos es tener dinero, para otros es tener una familia y para otros es simplemente poner el punto final a su libro.
Lo importante es que seas coherente con tu concepto de éxito y lo que estás haciendo para lograrlo.

Así que si estás terminando ese libro y esa es tu meta o estás empezando a vender la cantidad de libros que deseas, pues estás en camino de ser exitoso.

¿Y para ti qué es el éxito?

Si estás en camino a tu meta, felicidades, también estás en camino de ser exitoso.

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También eres escritor

En estos días estaba revisando unos blogs literarios, de esos que dan consejos y tips a escritores porque quería hacer una recopilación de consejos de escritura. 
Saben que prometí que sería más activa por aquí y eso significa seguir compartiendo mi experiencia como escritora autopublicada  con sus pro y sus contras. Pero como yo soy Dori (la pececita azul de la película de Disney Buscando a Nemo, esa que tiene amnesia a corto plazo) y mi poder de atención es de unos 30 segundos. Me encontré con una frase que me hizo olvidar eso de los
tips y los consejos y hoy quiero hablar de ella porque me pareció muy hermosa: “Todo el que escribe es escritor”.
La explicación fue muy concisa pero a mí me pareció tan hermosa que quiero extenderme más allá de la explicación. 
En el texto decía algo así como que si tienes la valentía de escribir y además mostrar tu trabajo a otras personas ya sean conocidos o extraños, eso te hacía escritor. 
Esa sencilla razón me pareció más que suficiente y creo que es cierto. Quizá me acusen de falta de humildad pero creo que toda persona que sea lo suficientemente valiente para plasmar en un papel una idea o un sentimiento ya es mérito suficiente y merece ser admirado, y hay pocas palabras más reconfortantes y a la vez estimulantes que te llamen escritor. 
Con esto no quiero menospreciar a los profesionales que hacen de la escritura su forma de vida o a aquellos que por su verso han ganado grandes reconocimientos pero me gustaría rescatar la valentía y el talento que se requiere para escribir. 
No cualquier puede hacerlo. Ya sea en mayor o menor grado o en diferentes rangos no es fácil plasmar en el papel una idea o un sentimiento. 
No todo el mundo puede describir en forma coherente y llegando al corazón de mucha gente la emoción de recibir una caricia o un beso, la frustración de presenciar una injusticia o el terror de escuchar un ruido extraño en una casa a oscuras. 
Quizá todos hemos hemos tenido esas experiencias pero no todos somos capaces de escribirlas en un papel y hacer que otras personas sientan lo que deseamos que sientan. 
El olor del mar, el sabor dulce de una fruta, admirar el cielo lleno estrellas. Más que una cantidad de recursos literarios un escritor debe hacerle llegar al lector esas emociones y el solo hecho de lograr hacerlo así sea por hobby ya debería que ser reconocido. 
Me gusta el hecho de que en el texto no se haya hablado de formas de escritura, ni géneros, ni premios o cantidad de libros vendidos, simplemente se decía, y aquí lo romántico del texto, es que el solo hecho de que hayas escrito un relato corto y se lo hayas mostrado a tu mejor amigo, eso te hace escritor. 
¿Y por qué no? A diferencia de muchas carreras donde tienes que prepararte para ser un profesional, en la escritura solo debes tener ese talento de expresar las emociones –y buena ortografía por supuesto–, y no digo que no hay que prepararse. Tanto en la escritura como en la vida cada gota de conocimientos que adquieras será de gran ayuda para tu crecimiento personal y profesional. Haz talleres, estudia, investiga, lee (muchísimo) pero sobre todo no dejes de escribir.  
Se me antoja pensar que ser escritor es más un sentimiento. Con esto no quiero ofender a los profesionales pero sí quiero dar a entender que esta profesión es tan hermosa e inclusiva que acepta miles de gamas y niveles de experticias. 
Lo que más me gustó y en lo que quiero hacer énfasis es que para escribir se necesita una profunda valentía, escribir significa exponerte, mostrar tu alma, dejar que el mundo vea partes de ti. Significa hacer un viaje a tus sentimientos, revisar y mirar de frente tus emociones y miedos y hay pocos miedos más grandes que permitir a extraños entrar en tu mundo. Y eso es lo que hacen los escritores, desde la adolescente que escribe poemas y se lo muestra a su mejor amiga pasando por el adulto que lo deja todo por seguir su sueño y logra publicar su libro, el joven que con esfuerzo logra escribir, maquetas, diseñar y autopublicar para vender en una plataforma digital hasta la escritora prolífica que vende miles de copias de cada uno de los libros que escribe. Todos y cada uno de ellos son escritores. 


Y si tú, tuviste la valentía de mostrar tu trabajo al mundo, te felicito, también eres escritor. 
No importa tu edad, si escribes, eres escritor.

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Propósitos de año nuevo

Es un nuevo año y estamos llenas de propósitos.
Muchas prometen bajar esos kilitos demás, otras ser mejores personas o portarse mejor con su entorno.
Nosotras las escritoras nos hacemos miles de propósitos de año, escribir más, escribir mejor, terminar “esta vez sí” esos proyectos que no hemos terminado o dejamos empezados el año pasado. Leer mucho más o escribir una cantidad de libros determinada.
Lo importante de cualquier propósito ya sea deshacernos de esos kilos indeseables o de escribir tantos libros es que sean reales y no digo que querer rebajar 30 kilos en un mes no sea real pero digamos que es bastante ambicioso –no quiero desanimarlas si ese es su objetivo—, pero sería un poco más lógico ponerse como meta rebajar 1-2 kilos al mes, porque vamos a sincerarnos, esos kilos no se bajaron en un año menos lo van a hacer en un mes sin contar con lo poco saludable que es.
Ahora, a lo que nos interesa y no es que lo de bajarnos los kilos no nos interese, quizá hasta les doy unos tips de cómo yo bajé 10 en un año pero eso será para otra entrada.
Con respecto a nuestra lectura y escritura todo es muy subjetivo y depende de tu tiempo, tu disposición y por supuesto tu meta. Tenemos que trazarnos propósitos reales de acuerdo a nuestro estilo de vida y por supuesto a lo que queramos lograr este año, siempre tratando de esforzarnos un poco más y mejorar nuestro récord del años anterior. La idea es ser siempre mejor que el año anterior –se aplica a todo en la vida–.
Con respecto a la lectura, a mí el año pasado personalmente me fue terrible, como ustedes saben el año pasado me hice mamá pero lo que no saben sé qué me mudé tres veces… de país. Entre tratar de mantener las rutinas del bebé para que no sintiera la inestabilidad de nuestra vida, mudarme y tratar de llevar una vida propia, terminaba cada día exhausta así que mi lectura fue casi nula y de pasar de leer unos 50-60 libros anuales leí menos de 5 –leo la cifra y quiero llorar–, pero era algo que sabía que vendría con mi nuevo rol y como ahora mi nuevo lema es “esto también pasará”, sé que estos días de no tener tiempo ni para comer también pasarán.
Uno de mis propósitos de este año es leer más, no serán 60 libros pero mejorar mi marca del año pasado –que tampoco es que es muy difícil–, pero tratar de hacerlo, así sea escondiéndome en las esquinas de mi habitación o en el cuarto de baño para leer –al fin y al cabo ahí es donde mucha gente lo hace–.
Lo siguiente es tratar de escribir más y mejor, he leído en varias redes sociales a muchas de nosotras quejándonos por no poder escribir pero no por falta de tiempo sino porque “las musas” no aparecen. Creo firmemente en las palabras de Picasso “La creatividad existe pero tiene que encontrarte trabajando”, así que si sientes que las “musas” te han abandonado o sientes que no puedes escribir ya sea por falta de inspiración o desgano, no permitas que un bajo estado de ánimo influyan en tu escritura, ni en tu rutina. Siéntate a escribir así escribas una sola palabra de la cual te arrepientas cuando corrijas o puedes hacer como recomiendo en mi entrada Trabajos el en jardín, buscar información acerca de tu libro o proyectos futuros pero trata siempre de no abandonar la rutina de escribir. Ese es uno de mis propósitos, volver a mi rutina de escritura, con un bebé no serán las 3 o 4 horas que le dedicaba antes pero aunque sea media hora trataré de dedicarle todos los días.
Cada una de las que amamos la escritura tenemos diferentes situaciones en nuestra vida que nos quitan las ganas de escribir, falta de tiempo, estado de ánimo, hormonas, problemas de cualquier tipo pero esos deberían ser los monstruos a vencer en este nuevo año, no importa lo que suceda fuera o dentro de ti, oblígate a sentarte en una silla por un periodo de tiempo.
A los que piensan que si uno se obliga a hacerlo le puede tomar aversión a escribir, les tengo una noticia, no tenemos 5 años y ni le vamos a tomar aversión ni nos vamos a traumatizar si nos obligamos a dedicarle el tiempo que merece la escritura si queremos hacer de nuestro trabajo algo serio.
Otra cosa que hice desde finales del año pasado –porque mis propósitos de años nuevos los voy planificando cuando ya sé que el año en curso no me alcanzó–, fue que me bajé una aplicación para escritores, se llama Scrivener, sé que muchas de mis colegas ya la usan en sus ordenadores, esta es para móviles y es bastante básica pero me hace sentir que estoy escribiendo y cada vez que puedo escribo aunque sea dos letras. Por ahora en mi vida la única rutina es la que me marca Daniel pero estoy tratando de buscar mi espacio aunque sea a dos letras al día.
También me he propuesto reactivar mi blog –propósito que estoy cumpliendo–, eso debería ser más fácil porque no es una escritura continua y como siempre tengo cosas que decirles, pues, empezamos con esto.
En resumen, tengo mis resoluciones de año nuevo bastante claras y aunque del dicho al hecho hay mucho trecho, siempre es bueno tener propósitos a corto, mediano y largo plazo, quizá no los cumpla todos o algunos no llegue ni a la mitad pero lo que si cumpliré son mis “resoluciones fijas” como las llamo yo que más que propósitos son promesas que me las hago todos los años desde hace muchos años y esas si las cumplo a cabalidad porque no tienen nada que ver con mi entorno sino que salen desde mi interior. No sé exactamente cuantas son pero comparto algunas y quizá podamos todas hacer estas promesas todos los años.
—Quererme un poco más. Y no es que no me quiera pero a veces se me olvida y cada día trato de recordármelo.
—Cuidarme. Eso incluye cuidar desde lo que como y bebo hasta lo que digo o pienso. Hacer ejercicios, no para ser una modelo sino para estar saludable sin dejar de darme algún gusto para hacerme feliz.
—Estar agradecida y no quejarme tanto. Veo el sufrimiento en mi país o las situaciones por las que está pasando tanta gente que cada día me despierto agradeciendo la oportunidad de poder vivir en este país, que con sus pro y sus contras está en mejor situación que el mío y agradezco que me haya recibido.
—Estar en paz conmigo misma. Esto viene muy ligado al punto anterior, cuando agradeces más y te quejas lejos la paz poco a poco llega a ti. Añadiendo no preocuparte por cosas que no valen la pena o afectarte por personas que no lo merecen. En pocas palabras Hakuna Matata.
—Ser mejor persona cada día. Incluye, ser mejor mujer, mejor mamá, mejor esposa, mejor hija, mejor hermana, mejor tía, mejor amiga. Eso no significa que sea una súper mujer, simplemente hacer pequeñas cosas que me hagan sentir que estoy siendo mejor persona.
—Mientras pueda ayudar a quien me necesite y también incluye no comprometerme a ayudar si no puedo hacerlo. Esa es mi forma de respetar a mi prójimo.
Y por último pero no menos importante –de lo que me acuerdo– es decir que “no” sin sentir culpa. Esto me lo enseñó uno de mis hermanos cuando yo tenia 22 años y desde entonces lo he practicado. Decir un no sin sentir culpa no es fácil pero me ha ahorrado miles de problemas y aunque parezca extraño me ha acercado a gente tan sincera como trato de serlo yo.
En fin además de esas resoluciones personales me propongo para este año escribir, escribir y escribir más y leer, leer, leer mucho más. Tratando de no abandonar mis redes sociales.
Uffffff ya estoy exhausta.
Se ve difícil pero ya les contaré a final de año qué tal me fue.
Y ahora cuéntenme ¿Cuáles son sus resoluciones de Año Nuevo?


Tiempo Fuera

¿No les ha pasado que se encuentran frente a la página en blanco con millones de ideas en la cabeza pero no logran hacer la conexión cerebro-dedos para escribir? ¿O quizá se sienten abrumadas por estas mismas ideas o por el día a día y no logran concentrarse?
A mí sí me ha pasado y me siento terrible porque a pesar de que trato –si todavía después de 4 años escribiendo–, de hacer de la escritura una disciplina diaria, hay días en los que no logro escribir ni una letra. Estoy segura que más de una de ustedes les ha sucedido, bueno, quiero decirles que es normal y que está bien. No están pasando por el temido “bloqueo” o “síndrome de la hoja en blanco”. Simplemente es parte de la dinámica de ser escritor.
No soy una experta y solo hablo desde mi experiencia y las experiencias que comparto con mis colegas escritoras y lo que he concluido es que cuando esto sucede lo mejor es tomarse un tiempo fuera.

Olvidarse por unos días de la historia, salir de paseo, ir a tomarse un café con amigas, si es posible irse de vacaciones y estoy segura que las ganas de sentarse a escribir y volcar todas las ideas en el papel vuelven.
Yo comparo esa situación con ese problema al que le das vueltas y vueltas y no consigues solucionar y de repente viene alguien y en cinco segundos te ofrece la solución o tú misma cuando te alejas un poco y decides mirar el problema desde otra perspectiva te das cuenta que el problema no era tan grave como lo habías pensado. Solo tenías que alejarte un poco, tomarte tu tiempo fuera.
Tal vez estamos tan involucradas en nuestra historia, tenemos tantas ideas, tantas escenas en nuestra cabeza que quieren salir que todas se atascan exactamente en el canal de comunicación del cerebro a los dedos. Se quedan todas ahí queriendo salir pero sin dejar salir a la otra, no sé, así me lo imagino pero en nuestra cabeza y lo que sentimos es frustración porque no podemos sentarnos a descargarlas de una vez.
El tiempo fuera te ayudará a ordenar tus ideas, eso y una libreta donde puedas escribir todas las ideas que tienes por muy absurdas que te parezcan, te ayudará también a ganar tiempo porque mientras más abrumada estés menos escribirás y por supuesto será más tiempo en el que la historia se queda “congelada” en tu cabeza. Ese tiempo fuera te relajará a tal punto que cuando te vuelvas a sentar a escribir estarás más enfocada y entusiasmada.
En lo personal creo que es necesario el ese momento de retiro, ese descanso necesario, esos días divorciada de la historia, porque me ha sucedido que he llegado a sentirme frustrada y de mal humor con lo que escribo solo porque no puedo concentrarme y mis dedos no expresan lo que está en mi cabeza. Cuando siento que esto está empezando a suceder de inmediato me retiro y me ordeno.
¿Cómo reconoces que necesitas ese tiempo fuera? No soy ninguna experta, lo repito, pero el síntoma principal es que no puedes escribir nada a pesar de tener miles de ideas. Otro síntoma obvio es que detestas todo lo que escribes así en tu cabeza se vea como la escena perfecta. Otro síntoma que sonará gracioso pero es parte del proceso, es que buscas cualquier excusa para no sentarte a escribir (ver cualquier estupidez en internet, pararte a hacer un café, chatear, revisar las redes sociales, etc).
Traten de reconocer cuando necesiten un tiempo fuera, les ayudará a concentrarse, a relajarse y a que el producto final sea justo lo que desean que sea.

A veces necesitamos un tiempo fuera
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Pequeños regalos

En algún sitio leí que a la gente se le va la vida esperando que pase una cosa grandiosa y no se da cuenta que la vida son pequeñas cosas. Pequeños momentos de alegría, pequeños detalles como un atardecer, comerte un helado o incluso acariciar a un cachorro. 

Debo confesar que yo pertenecía al primer grupo. Esperaba que en mi vida pasara una cosa gigante sin detenerme a apreciar los pequeños regalos que el universo me daba. 
Lo mismo sucede (desde mi punto de vista) con la escritura. 
Todos los escritores soñamos, y me incluyo, en que una gran editorial se fije en nosotros y nos firme por un contrato millonario y ser súper famosos. 
Pero pocos nos detenemos a apreciar ese mail que nos envió un lector encantado con nuestra escritura o ese comentario en Amazon de la lectora todavía emocionada por nuestro libro. Quizá una mención en twitter de alguien con pocos seguidores que leyó nuestro libro y lo recomienda. 
Esos son los pequeños regalos, pequeños detalles que no debemos olvidar y debemos agradecer, porque son esos comentarios los que nos mantienen con los pies en la tierra. Nos mantienen en contacto con las únicas personas que nos deben importar como escritores, nuestros lectores. 
Siempre trato, en lo posible, de personalizar mi agradecimiento a mis lectores. Quiero que sepan que cada día ellos me dan un regalo irrecuperable que aprecio desde lo más profundo de mi corazón, su tiempo. 
Que una lectora me diga que pasó todo el fin de semana pegada a alguno de mis libros me hace agradecerle de manera infinita, más que su apoyo, su tiempo. 
El tiempo que se toma en leerme para escribir su reseña en Amazon, en goodreads o para enviarme un tuit. 
Tenemos que agradecer cada uno de esos pequeños regalos que te dan personas que ni siquiera te conocen y que muchas veces, la gente que te rodea no, regalarte su tiempo. 
Las palabras de apoyo, que están incluidas en el tiempo que te regalan son igual de importantes. Hay gente que no le importa escribir palabras malintencionadas (de las que también tenemos que aprender y agradecer.). De ellas no voy a hablar, porque así como las lectoras dedican su tiempo a tener solo palabras amables para mí, pues es justo que yo les devuelva la cortesía. 
Y con lectoras amables no quiero decir que no te critiquen, pero uno a cierta edad ya sabe cuando un comentario viene con buena o mala intención. 
Tengo lectoras adorables que me han señalado alguno que otro error (una de las desventajas de la autoedición), y de las que sé que su comentario solo está hecho con la una única intención de querer que mejore. A esas les agradezco un mundo. 
A mí en lo personal las críticas me afectan poco, de ellas solo aprendo cuando sé que tienen un propósito positivo y hasta una crítica para mejorar es un regalo.
Como escritores, autopublicados o no, nunca dejemos de agradecer a los lectores por cada uno de sus regalos, ellos son los que hacen que seamos escritores y que cada día queramos ser mejores.

¡Gracias a todas mis hermosas lectoras por sus pequeños -grandes- regalos!

Un abrazo y nos leemos pronto 
@HMoranHayes

El qué dirán

Hace par de días una lectora (que se ha convertido en una apreciada amiga), y que también se está adentrando al maravilloso mundo de las letras, me escribió para hacerme una pregunta. Su pregunta fue algo así como que si en algún momento he tenido vergüenza de mostrar lo que escribo, o si de repente estoy escribiendo y me detengo a preguntar ¿Quién va a leer esto? Quizá se lo puedo mostrar a pocas personas pero ¿Y si no les gusta?
Son preguntas interesantes que se hacen muchas escritoras.
Yo le contesté que nunca me detuve a pensar eso cuando empecé a escribir. Para mí escribir es como una catarsis, una manera de expresar muchas emociones internas.
Estoy fielmente convencida que lo que se escribe con amor es captado por la gente que lee y mas si la gente ama leer.
Es como el que pinta o baila. El pintor no pinta esperando que le digan que está lindo o feo, el pintor lo hace para expresarse para sacar sentimientos internos.
Igual el bailarín, cuando un bailarín está sobre un escenario (o en la calle), baila sin importar el mundo externo, sin importarle si el mundo a su alrededor lo esta criticando porque baila mal o porque el estilo de música no es el que le gusta a un grupo de personas, simplemente baila y se siente feliz por hacerlo.
Yo he pasado por esas dos fases también de adolescente bailé por 10 años y era feliz haciéndolo, y por mis estudios tenía que pintar y aunque sabía que mi trabajo iba a ser evaluado por un profesor, igual me hacía feliz hacerlo.
Escribir es un arte y los escritores son artistas. No hace falta que a todo el mundo le agrade tu manera de escribir. Solo necesitas que a ti te guste y ten por seguro que la gente lo sabrá y te apoyará.
Y no tiene que agradarle tu estilo. Te apoyará porque sentirán tu pasión y tus ganas de escribir.
Eso es en lo único que te tienes que detener a pensar.
¿Me gusta lo que escribo? ¿Me siento satisfecha? Y en tal caso ¿Si yo fuera otra persona leería esto?
A la mayoría de los escritores no le satisface un 100% lo que escribe, pero debo asegurarles que lo hacen con pasión y con las mayores fuerzas para hacerlo lo mejor posible.
Cuando me preguntó si no me daba pena mostrar mi trabajo, le comenté que a mí me hace tan orgullosa lo que escribo que es similar a cuando se tiene una casa nueva, o un auto. ¡Lo quieres mostrar a todo el mundo!
Y confieso que al principio me daba algo de vergüenza decir que escribía romántica (eso es tema para otra semana) pero pensé: “¡Qué diablos! En esto es lo que soy buena, esto es lo que me hace feliz y me levanta el ánimo ¿Por qué no he de mostrarlo y estar orgullosa de ello?
Para mi sorpresa y mayor alegría he sido recibida por un grupo más grande de lo que pensé. Un grupo de lectoras que me envían mails para decirme que lloraron de alegría o que rieron con una escena o la otra.
¿Cómo no voy a estar orgullosa de escribir romántica?
Un abrazo y nos leemos pronto
@HMoranHayes
letrasmusicayamor.blogspot.com




Que no te de pena lo que escribes, siéntete orgullosa de ello.

Escribir desde una emoción

En algún sitio, hace muchos años leí que el escritor escribe desde los sentimientos así como el científico trabaja desde la razón. Esas palabras se guardaron en alguna parte de mi cabeza hasta que empecé a escribir.
Hoy en día no le puedo dar más la razón a esa frase. Nosotras las escritoras, especialmente las de romance, escribimos desde el sentimiento.
¿Pero desde qué sentimiento?
Una conocida me dijo una vez que desde que vio en la televisión que la mujer cuando ovula se siente más sexi y su cuerpo trabaja para hacerla más atractiva con el fin de atraer a los hombres para la procreación, ella empezó a escribir romántica y erótica en esos días.
Yo no pude hacer más que reírme, mi amiga tenía un método científico para escribir desde el sentimiento.
Yo les preguntaría a cada una de ustedes ¿Desde qué sentimiento escriben?
Yo personalmente confieso que me dedico más a escribir cuando me siento triste –no triste de ponerme a llorar o lanzarme por el balcón– quizá la palabra es nostálgica.
Siento que en esos momentos se me ocurren las mejores historias.
Trayendo el método científico de mi amiga, quizá mi inconsciente sabe que escribiendo me siento mejor –ya sea por las hormonas o por que simplemente me siento “down”– mi cuerpo responde haciendo algo que le hace sentir bien, como liberando endorfinas o dopaminas.
Y funciona.
También se me ocurren historias geniales cuando troto. Otra manera para que mi cuerpo se sienta bien, mi mente trabaja de la misma manera.
Hay escritoras que se sientan a escribir solo cuando están de “humor”. ¿Pero qué hace que estés de humor para escribir? ¿Qué sentimiento hace que te inspires? Felicidad, tristeza, nostalgia, excitación.
Quizá si analizamos qué estado de ánimo es el que nos hace escribir, quizá podemos inducirlo para escribir más.
Tal cual como un experimento científico.
Les invito a que analicen cual es su estado de ánimo cuando escriben, o ese “humor” que hace que se sienten a hacerlo.
No retiro lo que les he dicho siempre, así tengan o no tengan ese humor, siéntense a escribir igualmente. Hagan una rutina y una disciplina. Así escriban tres líneas.
Pero también analicen su estado de ánimo cuando lo hagan. Quizá el stress paraliza a algunas –yo también escribo bajo stress, supongo que es porque me relaja– pero no todas lo hacen. Otras escribirán bajo un momento de alegría, otras no, porque están disfrutando esa alegría de otra manera.
Quizá en todo aspecto de nuestra vida tenemos que analizar cual es el sentimiento que nos inspira o el que nos retrae, el que nos hace escribir 10 mil palabras de una sentada o el que no nos deja ni escribir “Érase una vez”.
Así podremos ser más eficientes en la escritura y por qué no, en la vida.
Un abrazo y nos leemos pronto 
¿Bajo qué sentimiento te inspiras? ¿Alegría, nostalgia?
@HMH_Escritora
letrasmusicayamor.blogspot.com

Editorial vs Autopublicación

Otro libro terminado, otro proceso empezado. Corregir, corregir, corregir. Hacer la sinopsis, el resumen, la carta de presentación. Volver a corregir y ahora el gran dilema.
Después de todo el trabajo realizado –sobre todo la parte de la sinopsis, es difícil resumir un trabajo de doscientas paginas y tanto en 3 o 4– ahora, ¿Debería enviarla a las editoriales?
Después de escuchar todos los cuentos de editoriales fantasmas, estafas, engaños. Es difícil la decisión porque así como hay editoriales que solo engañan a escritores noveles, están aquella –cada vez son menos– que apuestan por el talento nuevo y quieren darnos una oportunidad.
Está también la opción de autopublicar, ya muchas de ustedes se saben lo fácil que es publicar en amazon.
Estoy en ese conflicto. Como todo lo que hago, pienso las cosas una y mil veces, veo los pro y los contra de cada paso.
Solo analizándolo superficialmente veo los pro de enviarlo a una editorial. Pero el que más resalta es la notoriedad que me daría como escritora ser publicada por una de ellas. Y si tengo mucha, mucha suerte también es posible lograr una buena publicidad y mercadeo de mi libro.
Y están los contras, además de los antes mencionados. Están las condiciones que estas editoriales ofrecen. El tiempo del contrato y la manera como enfrentan este contrato y sus clausulas.
Por el otro lado está la autopublicación un paso fácil. Del lado de los pro está mi dependencia de publicación y distribución, también una mayor ganancia en el porcentaje de ventas.
También como en todo están los contra y uno de los mayores es que yo misma tengo que hacerme cargo de la publicidad y el mercadeo del libro.
Y aunque no es un “contra” per se, es una desventaja ya que, y todas las escritoras autoeditadas lo saben, el tiempo invertido en la publicidad y en la promoción es un tiempo que puedes ahorrar para escribir.
Es una decisión difícil para una escritora que todavía están dando sus primeros pasos en el mundo de la literatura romántica.
Les comento lo que sucede en la vida de un escritora autopublicada que está empezando la carrera –muchas de ustedes reirán, otras se sentirán identificadas–, mientras termino un libro, todavía tengo que invertir en la publicidad del anterior, cuando estoy haciendo la sinopsis del otro y pensando –y no se me sale de la cabeza– la trama de los próximos dos libros.
Quizá una editorial pueda quitarme un peso de encima, aunque acepto que igualmente tengo que hacer publicidad a mi libro pero no de igual manera que si lo autopublico.
Tengo muchas cosas que pensar y muchas que hacer, además de mucho que escribir.
Esta es la vida de una escritora con mucha creatividad y muy poco tiempo.
La decisión del millón autopublicar o aplicar a editoriales.


@HMH_Escritora
letrasmusicayamor.blogspot.com

Rutina

Creo que la única rutina que debe tener un escritor es escribir.
Como buena creativa uso casi exclusivamente el lado derecho de mi cerebro, para mí la rutina es aburrida. Mi esposo, como buen ingeniero, tiene ese lado del cerebro casi virgen y entra en pánico con mi estilo de vida.
Cada día hago lo posible porque no sea igual al anterior. Lo único en lo que trato de ser disciplinada es en mi escritura.
Sí, soy un caos. Pero no hay un día aburrido conmigo –pobre excusa–.
Así como la rutina da orden y organización. Creo que el caos da creatividad y astucia.
Siempre le digo a mi esposo que nunca doy por sentado nada y siempre estoy alerta. Él responde  “¡Por supuesto! Porque sino no encontrarías ni tu computadora!”. Falso, siempre sé donde está mi computadora.
Y debo aceptar que tiene razón, soy desordenada. Lo único ordenado en mi vida son los archivos de mi computadora. Lo lamento. No tengo excusas.
Pero algo les puedo asegurar, cada día –como dije antes– es diferente para mí.
Cuando trabajaba en la oficina y tenía un horario de trabajo, sentía que todos los días eran iguales. Quizá muchas de ustedes dirán que es algo psicológico, típico de una mente dispersa como la mía. Pero es verdad.
Para las que están a favor de este sentimiento y por necesidad y/o deber, tienen que estar en un trabajo donde la rutina las absorbe, no dejen que eso suceda.
La rutina mata la creatividad y más cuando nos dejamos vencer por ella.
Cuando trabajaba bajo un horario fijo trataba de cualquier manera que la rutina no me absorbiera.
En mis horas de almuerzo salía a tomarme un café y observaba a la gente. Imaginaba escenarios y situaciones. También tomaba los momentos libres para notar cualquier idea por muy pequeña que fuese.
Cuando tenía que viajar en el subterráneo me inventaba historias en mi cabeza. Ahí sucedían encuentros, reconciliaciones y hasta se terminaban relaciones.
Al llegar a casa trataba de hacer cosas diferentes y a diferentes horarios. Por ejemplo, nunca preparaba la cena a la misma hora –mi esposo casi moría de un infarto, para él la rutina era su forma de vida– bueno, hasta que se acostumbró. Ahora cuando sirvo la cena tres días corrido a la misma hora, me pregunta ¿Pasa algo?
Afortunadamente mi trabajo como diseñadora consistía en siempre hacer algo diferente.
Pero en los momentos que el día a día tenía que ser rutina, levantarse a la misma hora, salir de casa, llegar al trabajo, salir del trabajo, llegar a casa…
Por eso trataba de hacer algo diferente –dentro de lo que podía– para no caer en ese estilo de vida que me hacía sentir como un robot.
Siempre trato de estar alerta a lo que pasa a mi alrededor, invento historias en mi cabeza, no camino por el mismo camino de ida o regreso a casa, hago algo espontáneo, y trato de divertirme en lo que hago.
Porque como lectora he aprendido que siempre la historia cambia cuando hay un giro inesperado de los acontecimientos.
@HMH_Escritora
Nunca dejes que tu día a día se igual

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